9.6.11

Demonios.

Tengo el corazón destrozado, los sueños rotos, la esperanza perdida, la soledad manifiesta y el dolor latente. De la noche a la mañana mi vida cambió para siempre, de la peor manera que una vida puede cambiar, totalmente en contra de mi voluntad y de una bofetada tan fuerte que sacudió hasta la fibra más profunda de mi alma.

Ya ni los recuerdos me pertenecen, ya ni los momentos que creí felices cuentan. Eran todo parte de una gran mentira, una mentira tan elaborada como macabra y siniestra, propia de un demonio que no tiene respeto ni moral, un dios maldito sin responsabilidad ni castigo. Una mente enferma a la que estoy esclavizada por el resto de mi vida, por haberme dejado seducir con su canto de sirenas. Si tan sólo hubiera abierto los ojos, si tan sólo hubiera visto el camino regado de miseria que iba dejando a su paso.

He perdido las esperanzas.

6.6.11

Should I stay or should I go

En estas últimas semanas he visto fotos, escuchado declaraciones de amor, he conocido los nombres amorosos con los que se llaman. En pocas palabras la traición en casi todos sus vestidos. Sin embargo si hay algo que me ha causado más shock ha sido saber que no soy a la única que ha mentido. A ella también, a la otra. Ella también debe llorar por las noches, ella también debe estar viviendo un infierno en la tierra. No es que me de pena, pero me quedo pensando que viniendo de un tipo que me dijo que él no quería hacerle daño a nadie, esto se ve como una masacre y ya somos varios cadáveres mal olientes que ha dejado en el camino.

Las cosas no están mejorando. En el momento la situación está peor que nunca. Ha habido charlas y más charlas, momentos de profundo entendimiento, momentos de gritos y reproches, momentos de sosiego y comprensión. Ahora estamos en un silencio, profundo, distante y extremadamente doloroso. 

Hace dos días que no sé nada de él. De viaje por negocios, dice. Mi teléfono está en modo silencio. No quiero saber cuando me llama. No quiero contestar.  No insiste mucho. Ayer un mensaje y una llamada perdida. 
El mensaje simplemente dice que piensa en mí y en nuestro hijo. Pide perdón. Y yo me pregunto y hago un esfuerzo por no replicarle el mensaje: ¿Perdón por pensar en nosotros? ¿Perdón por haberme cagado la vida? ¿Perdón porque a pesar de las oportunidades que le he dado la sigue cagando? ¿Perdón a ver si dicéndomelo muerdo otra vez el anzuelo y lo perdono? 
Me duele que a eso se haya reducido su pelea. Me duele ver tan poco esfuerzo. ¿Dónde quedaron los hombres de verdad? Esos que eran honestos y peleaban con garras y dientes por la mujer que amaban o sólo fue una fábula de Holywood que nos hizo creer a nosotras, pobres ilusas, que tal vez teníamos derecho a un hombre así.
 
Quisiera saber ¿cuándo fue que me convertí en mi propia caricatura? ¿Cuándo fue que me convertí en esta mujer de la que siempre me reí? ¿Cómo fue que pasé a ser la idiota que no sé da cuenta que su marido la engaña durante los últimos 3 años y no se entera?

Porque déjenme contarles quien soy o mejor dicho, tal vez, quien fuí. Fuí una mujer derecha, fuerte, sexy, autosuficiente, poderosa. Nadie me paraba. Nadie me decía que hacer con mi vida. Creí que lo tenía todo, creí en el amor, en el hombre y en nuestra historia. Me equivoqué, me perdí en el camino y me convertí en la antítesis de quién fuí. Soy un fantasma, una sombra patética que grita pidiendo volver a ser quien fue mientras lucha contra las cadenas que la envuelven. Esa fuí, esa soy. Sobreviviendo entre mis obligaciones y las que me impongo para poder levantarme de esta maldita silla y hacer que mi vida cobre algún sentido. Estoy perdida, desesperada, sin norte.

Y sin embargo la pregunta que aún me hago es si todavía tenemos chance...








29.4.11

La cornuda

El dolor más grande que una persona puede sentir, después de la muerte de un ser querido, es- según mi propia experiencia- ser engañada, pasar de ser una mujer feliz a una mujer cornuda.

Enterarte que tu marido tuvo un affair con otra mujer por el pasado año y medio no es gratificante y crea una angustia tan profunda que duele físicamente y no justamente allí donde se supone que salen los cuernos, sino en el medio del pecho, es un calor que quema y destruye toda pizca de felicidad que había en el alma. 

Y como un lacónico mantra que vuelve una y otra vez a mi cabeza escucho: "mi marido me engaño, me metió los cuernos, se revolcó con otra (una y otra vez durante un año y medio) y después vino a casa me beso y me dijo que me amaba". Escalofriante. Horroroso. Doloroso sin fin. Aunque diga que se equivocó, en sus palabras: que cometió un error, que me ama, que siempre me amó y que quiere volver a empezar conmigo. 

Duele (y no menos) y tal vez más, porque me pregunto, si antes (que también me amaba) me ofendió de esta forma, ¿por qué tendría que esperar de él otro comportamiento? ¿por qué se supone que alguien que traiciona a un ser, que dice amar, no lo va a hacer de nuevo? 
Tal vez en el concepto de amor que él tiene, la traición es un error permitible. Y ese sería un problema irreconciliable, con o sin cuernos.

No voy a discutir, por lo menos en este primer post, de quién es la culpa, que siempre hay un 50 porciento de responsabilidad, y bla, bla, bla. Hoy quiero hacerme cargo de mi nueva cornamenta y de mi dolor. Me subo a este blog y digo: soy una cornuda. 
Al final todos los programas de rehabilitación empiezan cuando uno acepta su condición. Tal vez esto también a mí me ayude.

Y en honor a la verdad tengo que confesar que me parece totalmente injusto que quien lleva los cuernos sea el engañado y no el otro, el que causo este dolor, y el que, en última instancia, debería cargar con la vergüenza de ser un traidor y llevar consigo el estigma de infiel a donde quiera que vaya.

Lo que al final me queda claro, es que nunca más voy a volver a usar el término cornuda/o en vano. Atras de esta convinación caprichosa de letras se esconde el más grotesco y doloroso de todos los sentimientos: el de saberse traicionado.